MIS REFLEXIONES Y ARTÍCULOS EN ESPAÑOL

LA ILUSIÓN DE LA VIDA ORGANIZACIONAL: CUANDO LA CULTURA MATA PARA MANTENER LA APARIENCIA DE VIDA

Lo que hicimos con la alteridad radical en el ámbito de las relaciones íntimas puede —y debe— ser traspuesto al tejido organizacional. Porque el asesinato silencioso de la alteridad que perpetras en casa, también lo practicas en el trabajo. Solo que allí ocurre a escala sistémica, institucionalizado, enmascarado por discursos sofisticados de “cultura de alta performance”, “alineamiento estratégico” y “clima organizacional positivo”.
Si lograste sostener el desconfort del texto que escribí titulado “Deja de Intentar Ser Dios en la Vida de Quien Dices Amar” publicado en mi blog —aquel sobre cómo transformas a quien amas en objeto, en extensión domesticada de tus necesidades— prepárate. Porque ahora vamos a examinar cómo organizaciones enteras operan exactamente la misma violencia, solo que con presupuestos de millones, herramientas tecnológicas avanzadas y la bendición del consejo administrativo.
En las organizaciones contemporáneas —especialmente en 2026, con la hipermediación obsesiva de las interacciones a través de herramientas de monitoreo conductual, OKRs que invaden hasta el tiempo del almuerzo, feedback 360° continuo convertido en vigilancia permanente, y algoritmos de engagement que saben más sobre tu estado emocional que tú mismo— el Otro desapareció. El colaborador, el subordinado, el par, el cliente interno: todos fueron reducidos al Mismo. Al KPI. Al perfil conductual mapeado y catalogado. Al score de engagement. Al “fit cultural” predefinido incluso antes de que ingreses a la empresa.
La alteridad es tolerada solo en la medida exacta en que sirve a la totalidad organizacional. Cuando irrumpe —un burnout inesperado que no estaba en las “señales de alerta” del sistema de people analytics, una renuncia sin los “indicadores previos” que el algoritmo debería haber detectado, una negativa ética a una directriz que todos acataron sin cuestionar, una manifestación de diversidad que desalinea los sagrados “valores de la empresa”— la reacción no es acogida ética de esa alteridad radical. Es diagnóstico. Plan de acción correctiva. Coaching para “realineamiento”. Nueva tentativa de captura.
Observa la operación: alguien osa ser Otro, osa escapar del mapa que la organización construyó sobre él, e inmediatamente el sistema entra en modo de contención. “Vamos a entender qué está pasando” —traducción: vamos a mapear esa alteridad incómoda para neutralizarla. “Vamos a ofrecer apoyo” —traducción: vamos a traerlo de vuelta dentro de las categorías que controlamos. “Vamos a trabajar el fit cultural” —traducción: vamos a hacer que desaparezcas como Otro y renazcas como Mismo.
¿Y cuando la captura falla? ¿Cuando la persona insiste en permanecer radicalmente Otro? Exit interview. Despido por “falta de alineamiento”. Reestructuración estratégica. La organización prefiere perder a la persona antes que sostener la tensión ética de convivir con alguien que no cabe en el mapa.
Piensa en aquel colaborador brillante que pasó por siete rondas de entrevista, impresionó a todos, tenía el currículum perfecto. Pero al final, RRHH decidió: “No tiene fit cultural”. Traducción brutal: es demasiado bueno, pero es demasiado Otro. Asusta. No podemos predecir cómo se comportará. Preferimos a alguien menos competente, con tal de que encaje perfectamente en nuestras categorías de control.
O aquel otro caso: empleado con 95% de engagement en la última encuesta, participando en todos los proyectos, aparentemente feliz. De repente, renuncia. Liderazgo en shock: “¡Pero estaba tan bien! ¡No entendemos qué pasó!” Sí, no entiendes. Porque venía siendo sistemáticamente neutralizado hace meses, respondió lo que se esperaba en el cuestionario —porque ya había aprendido que la alteridad no es tolerada— y finalmente logró escapar. Y ahora haces exit interview no para escucharlo, sino para mapear esa alteridad que escapó, asegurándote de capturar mejor a los siguientes.

Organizaciones que Parecen Vivas pero Ya Murieron
Aquí reside el paralelo brutal con lo que examinamos en las relaciones personales: la cultura organizacional, cuando se convierte en proyecto de totalización, mata la alteridad radical. Y con ella muere la posibilidad de vida organizacional genuina. Lo que queda es una operación de mantenimiento de apariencias: líderes y RRHH intentando mantener funcionando artificialmente un organismo simbólico a través de encuestas de clima, programas de wellbeing, capacitaciones de empatía, happy hours obligatorios.
Todo esto operando sobre estructuras de subjetividades que fueron mapeadas, categorizadas y neutralizadas. No estás gestionando personas vivas. Estás administrando simulacros. Proyecciones que tú mismo creaste y ahora intentas mantener presentables.
Observa la empresa que ofrece un programa robusto de wellbeing: meditación guiada, yoga en la oficina, frutas orgánicas, sala de descompresión. Mientras tanto, sigue exigiendo disponibilidad 24/7, metas imposibles que todos saben que son inalcanzables, reuniones a las 20h porque “el mercado no para”, cultura de mensajes en fin de semana. La operación es clara: vamos a administrar el síntoma sin tocar la causa. Queremos que seas funcional, no vivo. Queremos que seas productivo dentro del burnout, no libre del burnout.
O la empresa que se enorgullece de la “cultura de feedback abierto”. Colaborador valiente da feedback honesto sobre proceso disfuncional que está destruyendo al equipo. Dos meses después, está misteriosamente “fuera del radar” para promociones. Seis meses después, “despido por reestructuración”. Feedback abierto significaba: concuerda abiertamente con nosotros. La alteridad que osa contradecir, que osa señalar lo que no funciona, que osa ser radicalmente Otro en relación al discurso oficial —esa no es tolerada, independientemente de cuántos valores sobre “transparencia” estén en la pared.
La cultura organizacional viva murió. Lo que tienes es un cuerpo mantenido artificialmente en funcionamiento. Y sabes que murió porque ya no hay asombro. Ya no hay sorpresa. Todo es previsible. Todas las reuniones tienen el mismo formato. Todas las decisiones siguen el mismo guion. Todos los colaboradores están “alineados” —traducción: todos fueron suficientemente neutralizados para no incomodar más.
Y cuando surge burnout colectivo, cuando la innovación desaparece, cuando las personas más talentosas renuncian una tras otra, la organización no examina si mató la alteridad. Contrata consultoría para hacer diagnóstico de clima, para mapear “causas raíces”, para crear “plan de acción” —más una capa de control, más una tentativa de captura, más una negativa a sostener la tensión ética de estar frente a Otros que jamás serán completamente comprensibles.

Las Tensiones que Este Texto No Resuelve — Porque Tú Necesitas Resolverlas
Aquí llegamos al punto crucial que ningún manual de gestión admite: existen tensiones que no tienen resolución definitiva. Solo sustentación permanente. Y cada organización, cada cultura, cada momento exige su propia forma de habitarlas.
Este texto no va a ofrecer “la solución”. Va a presentar las tensiones, mostrar algunas salidas que otros experimentaron, y convocarte a construir las tuyas. Porque todo en la vida es singular. Tu organización no es otra. Tu cultura no es genérica. Tu momento no es universal.

TENSIÓN 1: Coordinación Necesaria vs. Captura de la Autonomía La situación: Equipo de desarrollo de software necesita entregar sistema crítico para hospital en 72 horas —retraso puede significar vidas en riesgo. Líder técnico establece: reuniones diarias obligatorias de alineamiento, programación en pares para código sensible, deploy solo después de code review triple. Un desarrollador senior, con 15 años de experiencia, se siente asfixiado: “Me están tratando como junior. ¿No confían en mí? Siempre trabajé con autonomía total y nunca fallé.”
El líder insiste en los procesos. El desarrollador renuncia una semana después, citando “exceso de control” como motivo.
Salidas posibles que algunas organizaciones experimentaron: (Ninguna de estas es prescripción. Son solo direcciones que otros intentaron):
• Transparencia radical sobre temporalidad: “Estos protocolos existen solo en esta ventana crítica de 72h porque el riesgo es vida humana. Terminada esta, volvemos a decidir colectivamente qué procesos mantenemos y cuáles eliminamos. ¿Aceptas sostener esta tensión por 3 días?”
• Estándares con fecha de validez explícita: “Este checklist vale por 30 días. El día 31, quien vivió bajo él se reúne y decide: renovamos, ajustamos radicalmente o eliminamos. Nada es permanente aquí.”
• Diferenciación de contextos con fronteras negociables: “Propuesta: en deploy de producción hospitalaria, checklist es innegociable. En ambiente de pruebas y experimentación, autonomía total. ¿Aceptan esta frontera o también necesita ser negociada?”
• Rotación de quien decide los estándares: “El mes que viene, otra persona del equipo define los procesos críticos. Así nadie se cristaliza como ‘controlador permanente’.”
Preguntas para tu realidad singular:
• En tu organización, cuando nace un estándar, ¿tiene justificación visible y temporalidad definida —o se convierte en tradición incuestionable que nadie sabe más por qué existe?
• ¿Quién decide cuándo se crea un estándar? ¿Siempre la misma persona/cargo? ¿Y quién decide cuándo muere —o los procesos en tu empresa son inmortales?
• ¿Existe diferencia operacional entre “estándar de seguridad vital” y “estándar de control gerencial” —o todo se volvió una masa indistinta llamada “nuestros procesos”?
• ¿Puedes señalar 3 estándares que tu área creó el último año y después mató porque dejaron de tener sentido? Si no puedes, ¿qué revela eso?
Tu construcción singular: Tu organización no es la del ejemplo. Tu cultura no es hospitalaria. Tu momento no es crisis de 72 horas. Las salidas de arriba pueden no servirte —y está bien. Copiar soluciones es otra forma de captura. Lo que importa no es tener “la respuesta correcta”. Es que pares ahora, mires tu realidad específica, y preguntes: ¿dónde estoy estableciendo estándares? ¿Por qué? ¿Al servicio de qué? ¿Quién más, además de mí, debería decidir esto? ¿Y estos estándares protegen vida —o mi control sobre lo imprevisible? No hay respuesta universal. Hay solo tu respuesta, para tu contexto, en este momento. Y será provisoria. Como todo lo que es vivo.

TENSIÓN 2: Sostener Opacidad vs. Decisiones Urgentes
La situación: Startup de healthtech, 48 horas para decidir: pivotar radicalmente el producto o mantener la tesis actual y buscar nuevos inversores. La decisión determina supervivencia en los próximos 6 meses. Equipo dividido: 8 personas quieren mantener producto y correr tras otras fuentes de capital, 7 quieren pivotar inmediatamente a modelo de ingresos recurrentes.
Fundadora, que se enorgullece de “practicar liderazgo horizontal y respetar todas las voces”, pasa 36 horas facilitando discusiones, sosteniendo la tensión, negándose a decidir unilateralmente. Al final de las 48 horas, no hay consenso. Pierde la ventana de decisión. Tres semanas después, despide a 5 personas por falta de runway.
Salidas posibles que algunas organizaciones experimentaron:
• Diferenciación entre decisiones reversibles e irreversibles: “Decisiones reversibles (podemos volver atrás): las tomamos colectivamente, con tiempo. Decisiones irreversibles con plazo (esta): alguien decide, y después rendimos cuentas radicalmente del porqué.”
• Rodizio de responsabilidad decisoria: “Decisiones estratégicas tipo A: fundadora decide. Tipo B: CTO decide. Tipo C: producto decide. Nadie centraliza todo, pero cada tipo tiene responsable que no paraliza.”
• Protocolo de emergencia preacordado: “Cuando tengamos menos de 72h para decidir algo crítico, activamos protocolo X: una persona decide, las otras saben que van a discrepar, y aceptamos eso como costo de la urgencia. Pero después debriefing obligatorio.”
• Consultivo, no consenso: “Quien decide escucha a todo el mundo (obligatorio), pero no necesita acuerdo unánime para actuar. Después, explica por qué decidió contra algunas opiniones.”
Preguntas para tu realidad singular:
• ¿Cuántas decisiones en tu organización están paralizadas ahora porque alguien está “sosteniendo la tensión” —y cuántas de esas son sustentación ética vs. miedo a la responsabilidad?
• Cuando evitas decidir, ¿es porque estás respetando la opacidad del Otro —o porque tienes miedo de equivocarte y ser cobrado?
• ¿Tu cultura diferencia tipos de decisión (reversible/irreversible, urgente/estructural) o trata todo con el mismo proceso?
• ¿Ya pasó que “respetar todas las voces” resultara en nadie actuar y el problema empeorar? ¿Cómo lo nombran internamente?
Tu construcción singular: La startup del ejemplo no es la tuya. Tu plazo no es 48h. Tu decisión no es sobre pivot. Pero la tensión es la misma: ¿cómo honrar la alteridad sin paralizar? No existe respuesta que funcione siempre. Existe solo tu capacidad de diferenciar “estoy sustentando tensión ética” de “estoy huyendo de la responsabilidad”. Y solo tú, mirando honestamente tu caso específico, puedes hacer esa distinción. Tal vez en tu organización, en este momento, la ética exija que decidas solo y después te sometas al juicio colectivo. Tal vez exija que esperes más. No sé. Tú quien necesitas saber. Y asumir.

TENSIÓN 3: Encuentro Simétrico vs. Asimetría de Poder
La situación: Gerente de operaciones en proceso de evaluación 360° dice a su equipo de 6 analistas: “Necesito que sean radicalmente honestos conmigo sobre mi liderazgo. Sin miedo. Quiero sostener la alteridad de ustedes, incluso cuando duele. Pueden decir cualquier cosa.”
Analista junior piensa: “Es controlador, microgestiona todo, no delega de verdad, y creó clima de miedo. Pero si digo eso, estaré marcado. Él decide mi bono, mi promoción, mi asignación en proyectos. No existe ‘sin miedo’ aquí.”
Resultado: todos dan feedback genérico y positivo. Gerente se siente validado. Tres meses después, dos analistas renuncian citando “falta de autonomía” —gerente queda shockeado porque “nadie nunca se quejó”.
Salidas posibles que algunas organizaciones experimentaron:
• Evaluación 360° con facilitación externa y anonimato real: “Feedback sobre liderazgo no va directo al líder. Va a RRHH/consultoría que compila, anonimiza de verdad, y después discute con el líder sin exponer quién dijo qué.”
• Rotación de poder decisoria sobre evaluación: “Tu performance como líder no es evaluada solo por ti y tu jefe. Es evaluada por el equipo en formato que impacta de verdad tu progresión —no es cosmético.”
• Espacios estructuralmente protegidos: “Reunión mensual solo del equipo, sin el líder, con representante de RRHH que lleva cuestiones anonimizadas hacia arriba. No es perfecto, pero crea algún canal que no pasa por el poder directo.”
• Honestidad sobre la asimetría: “Sé que existe diferencia de poder aquí. No voy a fingir que somos todos iguales. Entonces estoy creando X, Y, Z para intentar mitigar —pero si creen que no funciona, díganmelo. Por canales que no me involucren directamente.”
Preguntas para tu realidad singular:
• Si tienes poder jerárquico: cuando pides “feedback honesto”, ¿estás creando espacio genuinamente seguro —o poniendo a las personas en situación imposible donde necesitan performar honestidad sin consecuencia?
• Si no tienes poder: cuando performas concordancia con quien puede despedirte, ¿estás siendo estratégico/sobreviviendo —o estás muriendo simbólicamente? ¿Dónde está la línea?
• En tu organización, “cultura de feedback abierto” significa que los poderosos reciben crítica real —o que todo el mundo aprendió a decir lo esperado?
• Última vez que alguien criticó duramente a quien tiene poder: ¿qué pasó con esa persona después? ¿Promoción? ¿Estancamiento? ¿Salida “voluntaria”?
Tu construcción singular: La situación de poder en tu organización no es la del ejemplo. Tu jerarquía tiene otras capas. Tus mecanismos son otros. Pero la asimetría está ahí. Y aquí no existe solución limpia. “Responsabilidad infinita ante el Otro” funciona diferente cuando puedes despedir al Otro. Convocación ética se convierte en manipulación cuando hay poder detrás. Entonces ¿qué haces? No sé. Pero sé que fingir que la asimetría no existe —llamando todo “asociación horizontal”— es mentira que mata. Tal vez sea más ético admitir: “Tengo poder sobre ustedes. Eso contamina cualquier conversación. Vamos a crear estructuras imperfectas para intentar mitigar.” Imperfecto y honesto vale más que simétrico y falso.

TENSIÓN 4: Previsibilidad = Muerte vs. Contextos Críticos de Seguridad
La situación: Hospital público, UTI neonatal. Enfermera con 20 años de experiencia desarrolla a lo largo del tiempo una especie de “protocolo intuitivo” propio para evaluar bebés prematuros en situación crítica, desviándose sistemáticamente del checklist estándar de la institución.
Ella argumenta: “Cada bebé es único, el protocolo es demasiado genérico, mi intuición salvó vidas que el checklist habría perdido.” Y de hecho: en tres ocasiones, sus decisiones “fuera del protocolo” salvaron recién nacidos.
En la cuarta situación, confiando en la intuición, desvía del checklist —y pierde un bebé que el protocolo estándar habría salvado. Auditoría hospitalaria la aparta por “violación sistemática de procedimientos de seguridad”.
Salidas posibles que algunas organizaciones experimentaron:
• Protocolos con cláusula de excepcionalidad documentada: “Puedes desviar del estándar si: (1) documentas en tiempo real por qué estás desviando, (2) activas supervisor inmediato, (3) después del caso, participas de debriefing sobre si el desvío debe volverse nuevo estándar.”
• Revisión colectiva de protocolos con quien los ejecuta: “Cada 6 meses, equipo que usa el checklist se reúne para revisar: ¿qué debería ser estándar rígido? ¿Qué debería ser orientación flexible? Quien ejecuta, decide.”
• Diferenciación entre estandarización protectora vs. controladora: “Protocolos de seguridad física (dosificación de medicación): rigidez total. Protocolos de abordaje/comunicación: autonomía profesional. ¿Dónde trazamos la línea? Vamos a decidir juntos.”
• Cultura de aprendizaje con error sin punición (cuando no hubo negligencia): “Desvió del protocolo y salió mal. No fue negligencia, fue juicio profesional que falló. Esto se convierte en caso de estudio, no despido.”
Preguntas para tu realidad singular:
• En tu área de actuación, ¿dónde la imprevisibilidad/creatividad/desvío es libertador y generador de valor —y dónde sería catastrófico y pondría vidas/seguridad en riesgo?
• ¿Puedes diferenciar con claridad “protocolo que salva vidas” de “protocolo que neutraliza competencia profesional” —o generalizaste todo en una dirección?
• Cuando alguien desvía de un estándar en tu organización y sale bien: ¿celebran y revisan el estándar? Cuando desvía y sale mal: ¿hay espacio para aprender o solo para punir?
• ¿Quién creó los protocolos que sigues hoy estaba en la línea de frente ejecutando —o estaba en sala de reuniones distante de la operación?
Tu construcción singular: Tu contexto no es UTI neonatal. Tu riesgo no es vida de bebés. Pero la tensión existe: ¿dónde necesitas previsibilidad para proteger —y dónde previsibilidad está matando competencia? No existe respuesta genérica. Una fábrica de medicamentos oncológicos necesita rigidez absoluta en ciertos puntos. Una consultoría de innovación muere si estandariza demasiado. Y la mayoría de las organizaciones está en el medio: necesita ambos, en lugares diferentes. Entonces tu tarea no es elegir “todo previsible” o “todo imprevisible”. Es mapear, en tu realidad específica: ¿dónde se aplica cada uno? ¿Quién decide eso? ¿Con qué frecuencia revisamos? ¿Y estamos dispuestos a errar mientras aprendemos a distinguir?

Cultura Viva vs. Cultura Neutralizada: Lo Que Nadie Quiere Admitir
Volvamos ahora al diagnóstico central, pero con la conciencia de que las tensiones de arriba no desaparecen. Se intensifican.
Una cultura organizacional viva no es aquella que resolvió estas tensiones. Es aquella que aceptó habitarlas permanentemente, sin garantías, sin mapa definitivo, temblando.
Cultura muerta es aquella que alcanzó “previsibilidad total” y “baja ambigüedad” a través del asesinato sistemático de la alteridad. Todos alineados. Todos en los mismos procesos. Nadie sorprendiendo más. Eficiente. Mensurable. Muerta.
Cultura viva es aquella que aprendió a convivir con lo insoportable de la opacidad del Otro colectivo —equipos enteros que nunca se dejarán capturar completamente, generaciones con valores irreconciliables, diversidades reales que no caben en “programa de inclusión”, profesionales que desafían los protocolos porque vieron algo que el protocolo no previó— y transforma esa tensión permanente en fuente de renovación, en lugar de amenaza a ser neutralizada.
Esto ya no es “gestión de personas”. Es gestión de la responsabilidad infinita ante el rostro organizacional del Otro. Y es ahí donde el liderazgo deja de ser técnico inspiracional —aquel líder que “motiva” equipos a través de discursos ensayados y métricas gamificadas— para convertirse en convocación ética.
La convocación es esta: renuncia radical al control total de la narrativa organizacional. Aceptar que la empresa permanecerá parcialmente opaca para sí misma. Que habrá siempre zonas de imprevisibilidad que ningún people analytics capturará. Que las personas continuarán sorprendiendo, contradiciendo, escapando de las categorías. Y que es precisamente en esa incompletud —en esa imposibilidad de captura total— donde reside la posibilidad de existencia verdaderamente humana en el trabajo.
El gerente que se enorgullece: “Conozco a cada persona de mi equipo, sé exactamente cómo funciona cada uno, consigo predecir cómo van a reaccionar en cada situación.” Ese gerente no conoce a nadie. Sustituyó personas vivas por modelos operacionales en su mapa mental. Y cuando alguien del equipo atraviesa una crisis personal, reacciona de forma inesperada, sale completamente del guion —se irrita, se frustra. “Eso no es típico de él. Cambió. Perdió el foco.”
No. La persona continúa siendo ella misma —radicalmente Otro, incluso para sí propia. Tú eres quien la había capturado en tu mapa mental. Y ella osó ser humana. Osó no caber más en tu proyección confortable.
La organización que invierte millones en programa de diversidad e inclusión, contrata consultorías especializadas, hace capacitaciones mensuales —y continúa promoviendo siempre el mismo perfil demográfico y conductual para C-level. Diversidad queda concentrada en la base de la pirámide, donde “agrega valor” y “trae perspectivas frescas”, con tal de que nunca decida nada estratégico de verdad.
Esa organización no está incluyendo alteridad. Está administrando la apariencia de inclusión mientras mantiene el control del Mismo en la cima. Diversidad es tolerada con tal de que no amenace a quien controla la narrativa. Con tal de que no desestabilice las premisas fundamentales. Con tal de que sea domesticable.
Y entonces te preguntas por qué la empresa está estancada. Por qué no hay innovación verdadera, solo recombinación cosmética de lo que ya existe. Por qué todo se volvió proceso mecánico, burocracia sin alma, protocolo administrativo que nadie cuestiona más.
Porque mataste la alteridad. Sistemáticamente. Con herramientas sofisticadas de RRHH. Con presupuesto robusto aprobado por el board. Con las mejores intenciones de “crear cultura fuerte”.
Sin alteridad, no hay creatividad genuina —hay solo recombinación de lo ya conocido, reempaquetado como innovación. No hay asombro —hay solo repetición performática de lo esperado. No hay encuentro real entre personas —hay solo transacciones funcionales entre simulacros que tú mismo construiste y ahora administras.
La salud mental organizacional —individual y colectiva— comienza cuando paras de intentar capturar totalmente. Cuando renuncias a la fantasía del control absoluto prometido por todos los sistemas de gestión. Cuando aceptas que estarás siempre frente a misterios ambulantes que llevan consigo universos enteros que jamás dominarás completamente. Y que eso no es falla de tu sistema de gestión —es la propia condición para que exista vida organizacional.
La alegría genuina en el trabajo —aquella que no es performada en happy hour obligatorio o fabricada en encuesta de clima— no viene de la captura exitosa. Viene del encuentro real. Y encuentro organizacional solo es posible cuando hay espacio para que Otros radicales, irreductibles unos a otros, acepten la responsabilidad ética de sostener la convivencia incluso sin garantías, sin mapas completos, sin control total.
¿Quieres autenticidad organizacional? Entonces necesitas aceptar la alteridad radical también de la propia empresa. Reconocer que la organización misma es parcialmente opaca para sí propia. Que también escapa a las categorías que intenta imponerse a sí misma a través de misión-visión-valores enmarcados. Que también es Otra —incluso para quien la fundó, para quien la lidera, para quien trabaja en ella hace décadas.
Y aquí reside la posibilidad de liberación organizacional. Cuando paras de performar la “cultura perfecta” para ser admirado en rankings de mejores empresas para trabajar. Cuando renuncias al proyecto imposible de volverte completamente transparente, completamente previsible, completamente controlable —ni para los accionistas, ni para el mercado, ni para ti misma.
Lo que surge de ahí no es caos operacional. No es relativismo estratégico vacío donde todo vale. Es la posibilidad de organizaciones verdaderamente vivas. De estructuras que respiran. De culturas que no se agotan en la familiaridad confortable de los procesos establecidos hace años. Porque siempre habrá algo más. Siempre habrá alteridad resurgente. Siempre habrá el asombro de estar frente a personas que nunca serán totalmente tuyas —y que, precisamente por eso, pueden ser socias de construcción genuina.

Lo Que Queda — Para Que Tú Respondas
Este texto no ofrece manual de implementación. No puede ofrecerlo. Porque cada organización lleva sus propias tensiones, sus propios Otros, sus propias imposibilidades que no caben en framework genérico.
Lo que queda son preguntas. Tuyas. Singulares. Intransferibles.
Observa tu organización ahora: ¿Cuántas áreas están genuinamente vivas —sorprendiendo, desestabilizando, forzando revisión de premisas? ¿Y cuántas son estructuras que mantienes funcionando artificialmente a través de controles sofisticados, métricas tranquilizadoras, programas de engagement que administran síntomas?
¿Cuántas veces hoy viste realmente a las personas con quienes trabajas —en su opacidad radical, en su irreductibilidad a cualquier categoría que puedas crear? ¿Y cuántas veces viste solo tus mapas mentales confortables sobre ellas?
Mira tus prácticas de gestión: ¿Dónde estás neutralizando alteridad en nombre de eficiencia —y dónde eso es genuinamente necesario para proteger algo vital vs. dónde es solo tu miedo a lo imprevisible?
Cuando “sustentas tensión sin decidir”, ¿estás siendo éticamente responsable —o estás huyendo de la responsabilidad de asumir una posición y rendir cuentas después?
Los estándares que estableces ¿protegen vida y posibilitan coordinación —o capturan diferencia y domestican competencia?
Examina tus estructuras de poder: ¿Puedes admitir que no sabes la respuesta definitiva para ninguna de estas preguntas —y aún así necesitas actuar, decidir, liderar?
Tus políticas de “diversidad e inclusión” ¿genuinamente permiten que el Otro desestabilice las premisas de la organización —o solo administran apariencias mientras mantienen el Mismo en el control?
¿Cuándo fue la última vez que alguien sin poder jerárquico cuestionó radicalmente una decisión estratégica —y fue tomado en serio, no solo “escuchado”?
Y la pregunta que perfora todas las otras: ¿Estás dispuesto a temblar? ¿A sostener la tensión permanente de estar frente a Otros que nunca comprenderás completamente? ¿A renunciar al control total mientras aún necesitas coordinar acción colectiva? ¿A aceptar que tu organización permanecerá parcialmente opaca —y que eso no es falla a ser corregida, sino condición de vida a ser sostenida?
Organizaciones vivas no son aquellas que resolvieron estas tensiones a través de algún modelo revolucionario de gestión. Son aquellas que aceptaron temblarlas todos los días. Sin garantías. Sin mapas definitivos. Sin control total. Y que transformaron ese temblor en fuente de renovación permanente.

¿Y tú? ¿Estás dispuesto?
El Otro —colaborador, colega, subordinado, líder— no es un problema de people analytics a ser resuelto. Es un llamado ético a ser respondido. Y tú respondes no intentando capturarlo en más un framework, en más una herramienta de assessment, en más una política de gestión que promete finalmente “entender a las personas”.
Tú respondes aceptando estar frente a él —infinitamente responsable de crear condiciones para que viva, infinitamente incapaz de controlar cómo vivirá, infinitamente vivo en la tensión del encuentro organizacional que nunca se estabiliza completamente.
Esta es la única cultura que vale la pena construir. La única que no mata a quien trabaja en ella para mantener la apariencia de vida. La única donde puedes, finalmente, parar de intentar ser Dios —onisciente vía people analytics, omnipotente vía estructuras de control, domesticador de alteridades vía cultura corporativa totalitaria.
Y aceptar construir algo profundamente humano. Limitado. Incompleto. Imperfecto. Temblando. Y precisamente por eso, vivo.

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