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CREES EN TI MISMO – PERO QUIEN ES EXACTAMENTE ESE “TI MISMO” EN QUIEN CREES?

Confias en ti mismo – pero y si esa confianza es el mayor obstaculo para tu evolucion? Descubre que gobierna realmente tus decisiones y narrativas internas. Por Marcello de Souza

Existe una pregunta que casi nadie se atreve a formular en voz alta – no por falta de valentía, sino porque disuelve el suelo bajo los pies de quien la escucha con honestidad:

La historia que cuentas sobre ti mismo – describe quien eres, o justifica en quien te convertiste?

Piensa en eso por un momento. No como ejercicio retorico. Piensalo de verdad.

Cada persona carga una narrativa de si misma. Una version – coherente, organizada, razonablemente favorable – de quien es, que valora, por que tomo las decisiones que tomo y como llego hasta donde esta hoy. Esa narrativa tiene inicio, desarrollo y una logica interna bastante convincente. Tiene heroes y circunstancias. Tiene motivos nobles y explicaciones razonables para los errores. Tiene incluso una cierta elegancia.

Y es exactamente por eso que merece sospecha.

Porque el ser humano no es solamente un ser que piensa. Es un ser que narra. Y narrar no es lo mismo que describir. Narrar es seleccionar, ordenar, enfatizar, silenciar. Narrar es dar sentido – y dar sentido nunca es un acto neutral. Es siempre un acto de poder: el poder de decidir que version de los hechos merece existir, que detalle importa, que memoria confirma al personaje que se quiere ser.

El problema no esta en tener una narrativa. El problema esta en confundir la narrativa con la realidad.

Hay algo que ocurre en el interior de cada persona cuando encuentra informacion que contradice la imagen que construyo de si misma. Una leve resistencia. Un impulso casi imperceptible de reorganizar los hechos para que la contradiccion desaparezca – o al menos para que deje de amenazar la coherencia de la historia. Esto no es deshonestidad. Es algo mucho mas sutil, y mucho mas profundo: la mente operando exactamente como fue entrenada para operar, protegiendo la continuidad de lo que reconoce como “yo”.

El cerebro humano tiene una relacion paradojica con la verdad. No busca la verdad – busca la coherencia. Cuando ambas coinciden, bien. Cuando no coinciden, la coherencia suele ganar. No porque la persona sea debil o deshonesta, sino porque la mente es, antes que cualquier otra cosa, una maquina de supervivencia – y la identidad es percibida como algo que debe protegerse con la misma intensidad que el cuerpo.

El nombre tecnico de este mecanismo no importa aqui. Lo que importa es lo que produce en la practica: personas inteligentes, bien intencionadas, genuinamente comprometidas con sus valores – que pasan anos, a veces decadas, operando desde una version de si mismas que nunca fue revisada con rigor. No por falta de capacidad, sino porque revisar la narrativa exige una disposicion que va mas alla del pensamiento critico convencional. Exige la disposicion de ser el objeto de la propia investigacion.

Y eso es raro. Extraordinariamente raro.

Observa que ocurre cuando alguien recibe una retroalimentacion que contradice la autoimagen que carga. La primera respuesta rara vez es curiosidad. Rara vez es: “que informacion interesante sobre mi”. La primera respuesta – aunque no se verbalice – suele ser una forma de reorganizacion defensiva: el otro no me conoce bien. Estaba de mal humor. No tiene el contexto completo. O, en la version mas sofisticada: esta retroalimentacion dice mas sobre quien la dio que sobre mi.

A veces estas respuestas son verdaderas. La retroalimentacion puede estar equivocada. El otro puede carecer de contexto. Pero la velocidad con que esa defensa se activa – antes de cualquier examen genuino – revela algo que no tiene nada que ver con la calidad de la retroalimentacion. Revela cuanto la narrativa que construimos sobre nosotros mismos funciona como un sistema inmunologico: cualquier elemento que amenace su integridad es tratado como un invasor.

Y asi la persona permanece intacta. Y permanece igual.

Existe una diferencia que rara vez recibe la atencion que merece – y que lo cambia todo cuando se percibe con claridad:

La diferencia entre autoconocimiento y autofamiliaridad.

La autofamiliaridad es saber como actuas. Es reconocer tus patrones, nombrar tus comportamientos habituales, anticipar tus reacciones en situaciones conocidas. Es una forma de inteligencia practica, y tiene valor real. Pero no debe confundirse con autoconocimiento – porque la autofamiliaridad es descriptiva, y el autoconocimiento es interrogativo.

El autoconocimiento genuino no pregunta “como soy”. Pregunta “por que soy asi”. Y luego, mas hondo: ese ‘asi’ todavia me sirve? Fue elegido o simplemente heredado, absorbido, asimilado sin examen? Y mas hondo aun: lo que llamo mi manera de ser – es una eleccion o es una adaptacion que nunca cuestioné?

La mayoria de las personas tiene mucha autofamiliaridad y poco autoconocimiento. Conocen sus patrones porque los repiten. No los conocen porque los comprenden.

Y esto tiene consecuencias directas en la vida cotidiana – en las relaciones, en las decisiones, en el liderazgo, en como se maneja lo que es diferente, lo que incomoda, lo que no confirma la narrativa.

Esta distincion aparece de maneras muy concretas. La persona que afirma “soy directo, siempre lo fui” quizas nunca pregunto si lo que llama directividad es una eleccion consciente de comunicacion o una defensa aprendida en contextos donde la vulnerabilidad no era segura. La que dice “soy exigente porque me importa” quizas nunca investigo si esa exigencia, en la frecuencia en que opera, todavia sirve a las relaciones – o si se convirtio en un idioma que solo ella habla con fluidez, mientras los demas aprenden a sobrevivir a el. La que se enorgullece de ser resiliente quizas nunca examino si lo que llama resiliencia es fuerza genuina o anestesia funcional – la capacidad de continuar sin procesar, de seguir adelante sin atravesar lo que quedo atras.

Ninguno de esos patrones es, en si mismo, errado. Lo que es problematico es la rigidez con que se defienden como identidad – como si cuestionar el patron fuera lo mismo que cuestionar a la persona. Como si revisar el mapa amenazara la propia existencia de quien lo carga.

Piensa en un lider – o en cualquier persona que ocupa una posicion de influencia sobre otras. Fue promovida porque entrego resultados. Los resultados confirmaron la narrativa: soy bueno en lo que hago, tengo vision, se tomar decisiones. La narrativa se consolido. Se convirtio en referencia interna para todo lo que vino despues.

Y entonces algo cambia. El contexto se transforma. Las personas a su alrededor operan de un modo diferente al que esta acostumbrado. Los resultados se vuelven mas dificiles. Las certezas que antes bastaban empiezan a no ser suficientes.

Lo que ocurre en ese momento lo revela todo.

Hay quienes perciben la disonancia y la usan como invitacion – para preguntar, para revisar, para investigar que en la narrativa necesita expandirse. Hay quienes sienten la disonancia y la interpretan como amenaza – intensificando los comportamientos que funcionaron en el pasado, subiendo el volumen de lo que ya hacian, exigiendo del entorno la confirmacion que la narrativa interna ya no ofrece con facilidad.

La segunda reaccion no es estupidez. Es la respuesta natural de quien nunca fue desafiado a separar quien soy de lo que hago bien en condiciones especificas. Para quien nunca hizo esa distincion, perder las condiciones especificas parece lo mismo que perder la identidad. Y perder la identidad es, para la mente humana, una de las experiencias mas amenazantes que existen.

Pero que ocurre cuando esa identificacion entre identidad y funcion se lleva a las relaciones? Al matrimonio, a la amistad, a la sociedad profesional?

Ocurre algo que podria llamarse presencia fantasma: la persona esta fisicamente presente, pero relacionalmente ausente – porque lo que trajo al encuentro no fue a si misma, sino la version de si que funciona. La version que sabe como actuar, que conoce sus roles, que anticipa lo que se espera y lo entrega con competencia.

Esa version puede ser carismatica, articulada, incluso generosa. Pero tiene una caracteristica que la distingue de una presencia real: no se sorprende. No porque nada sorprendente ocurra – sino porque la narrativa interna ya proceso la experiencia antes de que ocurriera. Ya la encajo en una categoria conocida. Ya respondio antes de escuchar de verdad.

Y el otro – el conyuge, el hijo, el colega, el colaborador – lo siente. No siempre de manera consciente, no siempre con palabras. Pero lo siente. Hay algo en el contacto con quien opera desde una narrativa cerrada que genera una sutil sensacion de no ser realmente visto. De estar siendo interpretado, no encontrado. De hablarle a alguien que ya decidio lo que va a escuchar antes de que se diga una sola palabra.

Es ahi donde las relaciones comienzan a deteriorarse de un modo que nadie consigue nombrar con precision. No hay conflicto evidente. No hay traicion, no hay abandono. Hay un lento vaciamiento – la sensacion de que la conexion existe en la forma, pero no en el contenido. Que los dos lados estan juntos, pero cada uno dentro de su propio mapa, sin que haya territorio verdaderamente compartido entre ellos.

Hay algo que todo ser humano hace con una destreza impresionante y que rara vez percibe: interpreta el presente desde el pasado – y a eso lo llama evaluacion objetiva de la situacion.

Cuando entras a una reunion con alguien que inconscientemente te recuerda a una figura que te decepciono, algo en ti ya llego a esa reunion con una conclusion. No con una hipotesis – con una conclusion. Lo que viene despues es, en gran medida, la busqueda de evidencias que confirmen lo que la mente ya decidio antes de que se dijera una sola palabra.

Esto no es distraccion. No es falta de atencion. Es el funcionamiento ordinario de una mente que aprendio a ser eficiente – y eficiencia, en este contexto, significa no empezar de cero cada vez. Significa usar lo que ya fue procesado como atajo hacia el presente.

El problema es que el atajo no distingue lo que es similar de lo que es identico. Y tratar lo similar como identico es la raiz de una enorme cantidad de conflictos relacionales, decisiones equivocadas y oportunidades perdidas – porque lo que estaba frente a nosotros nunca fue visto de verdad. Fue reconocido. Y reconocer es siempre mirar el pasado usando el presente como pretexto.

En este punto, es natural que surja una pregunta – y que traiga consigo cierto malestar:

Si todo esto es verdad – si la narrativa que cargo sobre mi mismo es selectiva, si lo que llamo percepcion esta filtrado por lo que ya creo, si interpreto el presente desde archivos del pasado – entonces como confiar en mi mismo?

La respuesta no es tranquilizadora en la superficie, pero es liberadora en profundidad:

No necesitas dejar de confiar en ti mismo. Necesitas aprender a examinar en que version de ti mismo estas confiando – y si esa version fue construida con conciencia o simplemente acumulada con el tiempo.

La confianza sin examen no es fuerza. Es habito. Y el habito, como toda estructura que nunca fue revisada, puede ser tanto un cimiento como una prision – dependiendo de cuanto se parece a lo que la vida, ahora, realmente exige.

Lo que transforma a una persona no es el momento en que descubre algo sobre el mundo. Es el momento en que descubre algo sobre la lente con que estaba mirando el mundo. Y se da cuenta de que la lente puede cambiarse – no porque estuviera equivocada, sino porque la vida crecio mas alla de ella.

Existe un tipo de inteligencia que rara vez aparece en las evaluaciones de competencias, en los perfiles de liderazgo o en las conversaciones sobre desarrollo profesional. No tiene nombre glamoroso. No genera metricas faciles. Pero es, quizas, la mas determinante de todas para la calidad de las relaciones y las decisiones a lo largo de la vida.

Es la capacidad de convertirse, periodicamente, en un extrano para uno mismo.

No en el sentido de perder la identidad – sino en el sentido de observar los propios patrones con la misma apertura con que se observaria a alguien que se esta conociendo por primera vez. Sin la presuncion de ya saber. Sin el confort de la autofamiliaridad que ahorra el trabajo de realmente ver.

Quien desarrolla esa capacidad no queda paralizado por la duda. Se vuelve, al contrario, mas agil – porque no carga el peso de necesitar demostrar que la narrativa que construyo sigue siendo verdadera. Puede dejar que la experiencia diga lo que tiene que decir, sin que eso amenace el suelo bajo sus pies.

Y eso lo cambia todo. En el liderazgo, cambia el modo de escuchar. En las relaciones, cambia el modo de estar presente. En las decisiones, cambia lo que se da por sentado y lo que se mantiene abierto.

Entonces, antes de cerrar – una pregunta. No para responder ahora. Para cargar.

La narrativa que tienes de ti mismo – fue construida por ti, con conciencia y revision constante? O fue formandose con el tiempo, consolidada por exitos que confirmaron lo que querias creer y por fracasos que reorganizaste para que no sacudieran al personaje?

No existe respuesta correcta. Existe una investigacion que vale la pena hacer – o no.

Lo que eliges dice mas sobre quien realmente eres que cualquier narrativa que pudieras construir sobre ti mismo.

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Quieres continuar esta investigacion? En mi blog mantengo cientos de publicaciones sobre desarrollo cognitivo conductual humano y organizacional, relaciones humanas conscientes y todo aquello que rara vez se dice – pero que hace toda la diferencia en quienes nos convertimos. Explora: marcellodesouza.com.br

Marcello de Souza | Coaching & Voce

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